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EXPOSICIÓN LEYRE MONTES. EL PESO DE LO VOLÁTIL.


  • LOFT AMANTE 9 Paseo Imperial Madrid, Comunidad de Madrid, 28005 Spain (map)

LISTA CERRADA


RESERVA TU ASISTENCIA.

DÍA: 25 DE MAYO

HORA: 20:00H

LUGAR: LOFT AMANTE. PASEO IMPERIAL, 9. LOFT · 28005 MADRID. 

EXPOSICIÓN TEMPORAL HASTA EL 5 DE JUNIO.

El arte, en su estado más puro, es un juego. Un juego serio que en el mejor de los casos retrata el alma de quien lo ejecuta. Es de ese modo que, como espectadores, también aprendemos algo de nosotros mismos.


Leyre Montes estaba condenada a ser artista. Siendo su madre ceramista, de niña era invitada a experimentar con barro en el taller materno. Luego, partes de su cuerpo fueron utilizadas para hacer moldes. Mientras servía de modelo y jugaba con las formas, Leyre pintaba acuarelas y escribía cuentos. Una temprana vocación expresiva, sin duda impulsada por el favorable entorno creativo.

En la adolescencia volvió a hacer de modelo para el pintor alemán Hurgen Halfmann, mientras ella misma se adentraba en el mundo de la pintura.


En el caso de Leyre Montes, el juego serio del arte se convirtió también en un juego de espejos, al verse retratada en las creaciones de otros.


De ahí su interés en la autorrepresentación. Leyre se pinta a sí misma, y también pinta a otras mujeres, dando lugar a un ensayo particular sobre la feminidad, sobre el hecho de ser mujer, su dolor, su delicadeza y sus alegrías. Y esto a su vez se convierte en un modo de exorcizar el matriarcado.


De ese juego de espejos también surge otro juego, el juego de heterónimos con el que Leyre Montes se nos presenta como Federica Gamir, su alter ego.

Quizás por eso sus autorretratos al óleo son la máxima expresión de esta artista polifacética, su trabajo más potente, porque Leyre Montes también ha creado a lo largo de su trayectoria innumerables dibujos, obra gráfica, cerámica y se ha dedicado al performance, además de haber incursionado en el videoarte y el diseño de vestuario.

En un principio parecería que abrirse a tantas disciplinas fuera producto de algún tipo de dispersión especulativa, pero no es así, porque la explosión de talento y la curiosidad creativa han llevado a que esta artista aborde muchos campos pero con un discurso muy perfilado en sus intereses esenciales.
Al observar su obra con detenimiento, vemos que hay una correlación entre los autorretratos, la gráfica, el proyecto Fluye, y los performances, ya que todo el conjunto apunta a una misma exploración: la autorrepresentación y la exploración de la feminidad.

Leyre practica un tipo de arte cuyo objetivo es reconocerse en lo que crea. Sale de ella de manera explosiva y desbordada para volverse a encontrar, ya sea en una pintura, en piezas de cerámicas que son reminiscencias de su infancia y de las temporadas pasadas en las costas de Cádiz, un imaginario marino y fantástico de caballitos de mar y caracolas, o en una acción poético-performática.

La delicada serie de autorretratos poseen una atmósfera que recuerda el dolor disgregado de la obra de la artista mexicana Frida Kahlo, y al mismo tiempo rebosan el etéreo ambiente onírico, sin llegar al surrealismo, de la artista hispanomexicana Remedios Varo. En la obra de estas tres artistas lo femenino, ser mujer y su representación, se convierten en el eje central de su discurso.

Aludo al surrealismo porque la serie de pintura de muñecas tiende invisibles raíces hacia el ideario de ese movimiento. Las muñecas fueron un objeto de predilección para los surrealistas que veían en ellas un objeto fascinante, siniestro porque al mismo tiempo que cotidiano, era extraño, y para los hombres representaba el erotismo y el objeto ideal donde depositar las fantasías sexuales. No era así para las mujeres que integraron dicho movimiento, que presentaban las muñecas descabezadas, mutiladas y despojadas de todo erotismo.


De igual modo trabaja Leyre el motivo de las muñecas, seres inertes, abandonadas y desprovistas de cualquier tipo de erotismo. Las muñecas que pinta la artista son en realidad la representación de la mujer como un ser desválido, de ilusiones quebradas, arrumbadas, dejadas de lado una vez que pierden esa fascinación inicial del juguete nuevo.

La correlación con estas artistas mexicanas no es baladí, puesto que Leyre descubrió en México desde hace ya varios años nuevas maneras de aplicar el color y un modo de ejercer el oficio de artista con absoluta libertad.

En sus múltiples viajes y estancias en México, concretamente en la ciudad de Guadalajara, en el estado de Jalisco, Leyre trabajó con varios artistas de renombre como Roberto Pulido y Manuel Ramírez, viviendo de cerca los procesos de Enrique Oroz y Benito Zamora, y desarrolló su lenguaje gráfico en el taller de grabado de Humberto Baca y serigrafía en el taller de Ediciones Axolotl.


Sus incursiones en la gráfica, también ha colaborado con el artista madrileño Jorge Isla, han hecho que la obra de Leyre Montes haya ido tomando cuerpo de un modo sólido y reconocible.

El trabajo de esta artista nos habla, en definitiva, de lo etéreo y volátil de estar vivo, de la fragilidad de los estados anímicos. Sus obras se convierten en delicadas intántaneas del alma, y atisbamos como a través de una ventana abierta, aspectos de la personalidad de esta artista polifacética.


Es así como también aprendemos cosas de nosotros mismos.

Rubén Bone
México, 2013